Casi anochecía en el concurrido boulevard de la ciudad provinciana,dos policías se apean de la patrulla, la cual han dejado estacionada tres cuadras antes de la citada arteria.
Habían quedado de verse con "Miguelito", como era conocido en el bajo mundo el ladronzuelo, el cual debía su apodo a que en un viaje con alucinantes se había tatuado un malformado Mickey Mouse ya que en esa "experiencia" había viajado según el a Disneylandia.
La operación, aunque sencilla conllevaba cierto riesgo, y esto era pues el hecho de que los "azules" iban a venderle parque al malvado ratón de la hierba.
Así, casi enfrente de los transeúntes, las balas fueron cambiadas por unos billetes con la velocidad de un mago de carpa, hecho que no pasó desapercibido para algunas personas, las cuales prefirieron hacerse de la "vista gorda".
Despúes de realizado el sucio trato, los "polis" y "Miguelito" desaparecieron junto con el día.
Las balas Remington calibre .38 no tardaron mucho en realizar los más diversos ílicitos en el breve tiempo que ocuparon la pistola marca Taurus automática del maleante.
Uno de áquellos corruptos policías llamabáse Tomás, el cual a simple vista era un joven (25 años) casado y con dos niñas, el cual acudía a su trabajo en punto de las cinco; siempre amoroso, había pactado con su esposa que no se levantara tan temprano, asi pues; el se preparaba su propio desayuno y se despedía con un beso en la frente de cada uno de los miembros de su familia.
El día había trasncurrido sin novedad para Tomás, el cual estaba ansioso por salir a descansar y ver un rato a los suyos.
Más, al anochecer; la comandancia recibió una llamada de un asalto que se estaba llevando a cabo en una de las avenidas más populosas de la comunidad, aslistándose junto a su compañero tomaron la patrulla y salieron raudos y veloces hacía el lugar de los hechos.
Fue tal la rapidez con la que actuaron, que los ladrones al verse sorprendidos actuaron erraticamente, uno de ellos escapó y el otro quedó atrapado en el interior de la tienda.
Al verse rodeado, el asaltante amenazó con asesinar al dependiente, al cual tenía encañonado en la sien.
El compañero de Tomás le indicó que se acercara al local mientras el lo cubría y así lo hizo el primero, agazapado hasta llegar al extremo opuesto, por lo cual se cerro t1oda ruta de escape posible para el pillo, Tomás; le gritó:
- ¡entreguese, lo tenemos rodeado!
- ¡váyase al diablo polizontes! - contestó el ladrón -
Tomás, entre cerró los ojos tratando de reconocer esa voz que se le hacía familiar, a la vez que volvía a advertir:
- ¡contaré hasta tres y más vale que salga con las manos en alto! ¡uno... dos..! Al momento de gritar "¡tres!" Los dos elementos se abalanzaron hacia el interior al momento que se escucharon varios disparos.
El ladrón, cayó abatido en un charco de sangre, los gritos de "¡estoy bien, estoy bien!" Del dependiente aseguraban que el agresor estaba totalmente fuera de combate.
Cuando los dos elementos acercaron se dieron cuenta que el rata era nada menos y nada más que "Miguelito" el cual al verlos sonrió lastimeramente al tiempo que decía:
- No cabe... duda... amigos que... debí haberles comprado todo su parque... así no habría una " bala del destino" que nos... uniera.
Tomás respondió:
-Migue... yo creo que sí la hubo.
Al momento, separaba su mano izquierda del vientre y dejaba ver la herida profunda causada por la propia bala que él había vendido, la cual sangraba copiosamente.
Entonces, se sintió dando vueltas en un abismo negro; el abismo de la muerte, donde sus lágrimas parecían caer hacia la nada, en una plegaria inútil; por estar al lado de sus seres queridos.
Mostrando entradas con la etiqueta cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuento. Mostrar todas las entradas
martes, 28 de junio de 2011
La Canasta del Diablo: La Bala del Destino
Etiquetas:
balas,
Corrupcion,
cuento,
destino,
karma,
La Canasta del Diablo,
ladrones,
policía
martes, 29 de marzo de 2011
La Canasta del Diablo: Cooperación Final
María Elena, a sus 40 años de edad no había cambiado demasiado en su apariencia física, vulgar como era, siempre había creído gozar de cierta astucia para saquear los bolsillos de las personas que se encontraban a su alrededor. So pretexto de cumpleaños, posadas y otras situaciones de esa índole.
Ahora en su nuevo trabajo, esto no era la excepción, por cada cooperación que ella pedía, siempre lograba quedarse con una buena tajada de la misma, y aparentemente nadie discutía sobre las cuentas.
El día 31 octubre, Susanita, que era su compañera en el área administrativa vio llegar la muerte de su señora madre, por lo que María Elena, aprovecho la oportunidad de obtener una cantidad pidiendo una "ayuda" económica para la infortunada, a sabiendas de lo que podía obtener, después de comprar un arreglo de flores más o menos vistoso, se presentó al velorio y le entregó una cantidad Susanita "en nombre de los compañeros" quedándose casi con el 50% de lo que realmente era.
Después de irse a cenar con la "ganancia" guardó el resto en su bolso y se dirigió a su casa.
Llovía a cántaros, pero por fin después de pagar un taxi llegó al lugar que le habían heredado sus padres, una casa que si bien era de material, era más bien de apariencia humilde, cosa que siempre había frustrado su existencia.
Prendió el viejo televisor sin realmente tener la intención de observar algún programa en particular, abrió el refrigerador y saco una lata de cerveza, mientras el sonido característico de la misma al destaparla se dejó oír en la casa, se sentó en una mecedora.
Al ir sorbiendo el líquido, comenzó a recordar cómo era la mamá de Susanita, una señora de complexión tan delgada que la hacia parecer un cadáver aun antes de que cayera enferma por la cirrosis producida por comer picante en exceso, pensando en voz alta, dijo: - ¡es una lástima! Pero qué diablos... la vieja me dejo unos buenos billetes.
Acariciando el bolso donde tenía el dinero, pensó en comprarse esas zapatillas que tanto le habían gustado la semana pasada, pero que se le habían hecho inalcanzables por el alto costo.
Después de terminar la cerveza, lanzó un eructo al aire al tiempo que arrojaba la lata al cesto de la basura, que por el exceso estaba lleno de cucarachas.
Comenzó a prestar un poco de atención al programa de televisión, el cual era "cómico" a base de la misma rutina del pastelazo y el albur, pero unos rasquidos en la puerta del frente la sacaron de su letargo.
Pensó que tal vez algún animal intentaba meterse a la casa, tomó la escoba de la parte trasera de la estufa y corrió a abrir... mas no había nada. Le pareció escuchar unas risillas al fondo del patio, pero creyó que el efecto de la cerveza.
Al cerrar la puerta y voltear hacia atrás deseo no haberlo hecho, dos figuras enanas cubiertas de pelo duro como los de un jabalí, ojillos amarillos y dientes podridos con aliento fétido le miraban fijamente, uno de ellos le dijo: - dame el dinero de mama.
Cuando reaccionó, pretendió ser agresiva y aventó un escobazo hacia las dos figurillas, las cuales esquivaron el ataque con una rapidez sorprendente, respondiendo con mordidas a la pantorrilla de María Elena, la cual se sacudió por la violencia con que éstas eran aplicadas, a la par del miedo.
De repente los entes corrieron hacia la cocina dejando tirada en un charco de sangre a la defraudadora la cual no podía pedir auxilio debido a que el pánico le impedía gritar.
Cuando busco a donde se habían dirigido sus atacantes, vio que éstos guiaban a una silueta hacia donde estaba, al llegar a la luz reconoció a la mama de Susanita, aunque si bien parecía estar igual, llevaba una marca en la frente hecha con un hierro candente que decía "infierno" volteando con desprecio hacia María Elena, habló con voz aguardientosa: - ¿dónde está? Sin seguir poder hablar la ladrona señaló con el dedo hacia el bolso.
La anciana tomó el dinero y lo entregó a uno de los enanos del cual salió con rumbo desconocido. El otro ser corrió abrir las llaves de la estufa dejando circular libremente el gas a la vez que abría la puerta del horno. El aire comenzó enrarecerse alrededor y el combustible comenzó a asfixiar a la tramposa de las cooperaciones, haciéndola toser con fuerza provocándole un vómito que se le atoró la tráquea debido a los espasmos, por lo que perdió la vida casi al instante.
Amanecía cuando Susanita, hallo un fajo de billetes en la mesa de centro de su casa y recibio una llamada telefónica donde le informaban la muerte de María Elena, esa noche había soñado que su madre le decía: "te cuidaré por toda la eternidad"
Tomado del libro "La Canasta del Diablo" Copyright Hector Colon
Ahora en su nuevo trabajo, esto no era la excepción, por cada cooperación que ella pedía, siempre lograba quedarse con una buena tajada de la misma, y aparentemente nadie discutía sobre las cuentas.
El día 31 octubre, Susanita, que era su compañera en el área administrativa vio llegar la muerte de su señora madre, por lo que María Elena, aprovecho la oportunidad de obtener una cantidad pidiendo una "ayuda" económica para la infortunada, a sabiendas de lo que podía obtener, después de comprar un arreglo de flores más o menos vistoso, se presentó al velorio y le entregó una cantidad Susanita "en nombre de los compañeros" quedándose casi con el 50% de lo que realmente era.
Después de irse a cenar con la "ganancia" guardó el resto en su bolso y se dirigió a su casa.
Llovía a cántaros, pero por fin después de pagar un taxi llegó al lugar que le habían heredado sus padres, una casa que si bien era de material, era más bien de apariencia humilde, cosa que siempre había frustrado su existencia.
Prendió el viejo televisor sin realmente tener la intención de observar algún programa en particular, abrió el refrigerador y saco una lata de cerveza, mientras el sonido característico de la misma al destaparla se dejó oír en la casa, se sentó en una mecedora.
Al ir sorbiendo el líquido, comenzó a recordar cómo era la mamá de Susanita, una señora de complexión tan delgada que la hacia parecer un cadáver aun antes de que cayera enferma por la cirrosis producida por comer picante en exceso, pensando en voz alta, dijo: - ¡es una lástima! Pero qué diablos... la vieja me dejo unos buenos billetes.
Acariciando el bolso donde tenía el dinero, pensó en comprarse esas zapatillas que tanto le habían gustado la semana pasada, pero que se le habían hecho inalcanzables por el alto costo.
Después de terminar la cerveza, lanzó un eructo al aire al tiempo que arrojaba la lata al cesto de la basura, que por el exceso estaba lleno de cucarachas.
Comenzó a prestar un poco de atención al programa de televisión, el cual era "cómico" a base de la misma rutina del pastelazo y el albur, pero unos rasquidos en la puerta del frente la sacaron de su letargo.
Pensó que tal vez algún animal intentaba meterse a la casa, tomó la escoba de la parte trasera de la estufa y corrió a abrir... mas no había nada. Le pareció escuchar unas risillas al fondo del patio, pero creyó que el efecto de la cerveza.
Al cerrar la puerta y voltear hacia atrás deseo no haberlo hecho, dos figuras enanas cubiertas de pelo duro como los de un jabalí, ojillos amarillos y dientes podridos con aliento fétido le miraban fijamente, uno de ellos le dijo: - dame el dinero de mama.
Cuando reaccionó, pretendió ser agresiva y aventó un escobazo hacia las dos figurillas, las cuales esquivaron el ataque con una rapidez sorprendente, respondiendo con mordidas a la pantorrilla de María Elena, la cual se sacudió por la violencia con que éstas eran aplicadas, a la par del miedo.
De repente los entes corrieron hacia la cocina dejando tirada en un charco de sangre a la defraudadora la cual no podía pedir auxilio debido a que el pánico le impedía gritar.
Cuando busco a donde se habían dirigido sus atacantes, vio que éstos guiaban a una silueta hacia donde estaba, al llegar a la luz reconoció a la mama de Susanita, aunque si bien parecía estar igual, llevaba una marca en la frente hecha con un hierro candente que decía "infierno" volteando con desprecio hacia María Elena, habló con voz aguardientosa: - ¿dónde está? Sin seguir poder hablar la ladrona señaló con el dedo hacia el bolso.
La anciana tomó el dinero y lo entregó a uno de los enanos del cual salió con rumbo desconocido. El otro ser corrió abrir las llaves de la estufa dejando circular libremente el gas a la vez que abría la puerta del horno. El aire comenzó enrarecerse alrededor y el combustible comenzó a asfixiar a la tramposa de las cooperaciones, haciéndola toser con fuerza provocándole un vómito que se le atoró la tráquea debido a los espasmos, por lo que perdió la vida casi al instante.
Amanecía cuando Susanita, hallo un fajo de billetes en la mesa de centro de su casa y recibio una llamada telefónica donde le informaban la muerte de María Elena, esa noche había soñado que su madre le decía: "te cuidaré por toda la eternidad"
Tomado del libro "La Canasta del Diablo" Copyright Hector Colon
Etiquetas:
cooperación,
cuento,
Cuentos,
fraude,
Hector Colon,
La Canasta del Diablo,
Terror
jueves, 17 de marzo de 2011
La Canasta del Diablo: El Olvidado

El chirriar de las máquinas de aquella imprenta podía opacar hasta los de una rata en agonía. Pero esta la de más clientela en aquel poblado, incluso las regiones aledañas; el dueño era a un joven, era difícil notar los 30 años que tenía...
Más bien parecia de 25 con esa cara de bebé que tenía un gran atractivo entre las mujeres y por lo mismo no se ve casado con una, sus padres dejaron por herencia el negocio el cual tuvo que aprender a manejar cuando decidieron pasarse sus últimos días en la ciudad de Miami. Ese día había sido feriado por lo cual nadie había ido al trabajo pero han aprovechado para realizar un inventario del local, había telefoneado a Maggie, la pelirroja de la cafetería... su nueva conquista estaría ahi dentro de tres horas, estaba tan absorto en el inventario que tardo en reparar en aquel ruido proveniente de... ¿dónde? Fue entonces cuando dejo el libro y tomó la pistola oculta dentro de su escritorio - ¿quién anda ahí? Por respuesta sólo obtuvo el mismo murmullo, siguió con sus pasos lentos tratando de no hacer ruido, y fue revisando pieza por pieza sin éxito alguno, agudizó los sentidos tratando de ubicar la procedencia de aquellos ruiditos, pegó su oído en la pared hasta que reparó en la vieja imprenta que hacía más de 30 años que se había arrumbado rincón del negocio y lo que escucho al instante le asombró tanto ya que al seguir el sonido lo ubicó justo debajo de la máquina y al parecer era una voz... ¡humana! - 2526 borregos brincaron acerca... 2527 borregos brincaron acerca... Charlie se retiró sobresaltado de aquel rincón, lentamente volvió a acercarse para escuchar - 2530 borregos... - ¡maldita sea! Y Charlie - ¡hay alguien alla abajo! - sonrió nerviosamente - ¡je, je je! Recordó que las herramientas estaban en la covacha de atras y corrió por una pala y un pico, rápidamente comenzó la faena casi al instante se cortaron los murmullos parando también en su labor y se preguntó ¿lo habre imaginado? E hizo sonar la pala contra el piso tres veces recibiendo tres toquidos - ¡amigo, aguante voy por usted! Media hora después Charlie llegó a su meta... el lugar sólo tenía una bombilla que alumbraba un cuarto que a pesar de ser humilde estaba limpio, en el había un agujero y al parecer estaba conectado al drenaje principal, una mesa de madera, una silla, una cama vieja, un espejo, un cerro de basura en la esquina contraria y un tubo de aproximadamente cuatro pulgadas de diámetro el cual proporcionaba oxígeno al interior de la cámara, tan metido estaba en aquella observación que se sobresaltó por la aparición de un anciano cabello maltratado, semi calvo con la dentadura dañada por la falta de higiene, extendiendo su arrugada mano con las uñas sucias hacia el - Robert Sheldon... pero puede llamarme Bobby, algo repuesto del susto respondió - Charlie... Charles McCarthy - ¿no gusta una taza de té Charlie... Charles? Aunque usted no lo crea tengo las tomas de agua fría y caliente aquí mismo - solo que me garantice que me bajara el espanto y promete una plática para aclarar todo esto -! Oh, por supuesto! Comenzó a servir el humeante té en una taza de porcelana - tiene mucho que no platico con nadie... muchos años - ¡Ah, gracias! ¡Esto está muy caliente! - ¡claro! La única manera de disfrutar un buen té caliente ¿no lo cree? - así es pero... ¿cómo es que dice que lleva años aquí? - si he sobrevivido tantos años es por un personaje anónimo que me envia comida a través de este tubo y por el tratado de comunicarme con alguien pero con el ruido de la imprenta eso es casi imposible y entonces empieza a contar borregos para no desesperarme - ¿pero cómo llegó aquí? -bueno... mientras platicaba rodeó la mesa acercándose a donde Charlie dejó las herramientas y tomó el zapapico sin que éste se diera cuenta - ¿pues usted es McCarthy, no es así? ¿El único hijo de Anton McCarthy? - afirmativo ¿pero el que tiene que ver con todo esto? - casi nada, esta imprenta la comencé cuando logré juntar un capital hasta que un día llegó este vago... su padre, lo ayude a vestirse y comer bien y hasta dejé que invirtiera parte de su dinero para hacerlo socio hasta que el me engañó con mi esposa entre los dos malditos planearon quitarme mi negocio y para que no quedara huella de su fechoría decidieron encerrarme aquí hasta que me pudriera si no les firmaba el documento cediendoles la posesión del mismo, fue en esa cena aniversario cuando mi esposa: tu madre, me emborrachó y apareció Anton, cuando comprendí ya era demasiado tarde ya que no tenía fuerzas para defenderme - aquí la voz se le quebró- lo demás ya lo sabes he estado aquí por casi 30 años - ¡eso es mentira! Charlie volteó para abalanzarse sobre Bobby, quien de un rápido movimiento incrusto el pico en el cráneo de este, dejando una chorrera de sangre sobre el cuerpo que emitió sus últimos reflejos en el piso. Habían pasado casi tres horas desde que Charles, había llamado a la mesera cuando el anciano acabo de colocar la vieja imprenta donde estaba, sobre su hogar en los últimos años. Al salir del local se topó con Maggie, en la calle y le saludo: - buenas noches ¿esta Charlie? - buenas noches preciosa, lo ignoro; pero si está esperando por usted de seguro estará muerto de ansiedad - gracias, pero al parecer el no piensa lo mismo que usted ya que no veo luz en su oficina, será mejor que me vaya ¿no quiere que lo lleve algún lado? - se lo agradezco, pero estoy por hacer un largo viaje a... Miami - ¡oh,que envidia! Pues entonces hasta luego - hasta luego. Y el anciano comenzó a caminar por aquella carretera oscura... - un borrego saltaba la cerca... dos borregos saltaba la cerca...
Etiquetas:
cuento,
Cuentos,
Hector Colon,
La Canasta del Diablo,
olvidado,
venganza
miércoles, 8 de diciembre de 2010
La Canasta del Diablo: Sólo un globo
John Salieri, vendía globos desde hace 20 años en el parque del pueblecito de Woods, Oregon; zona de clima frío tenía un especial orgullo porque el mismo contaba con un quiosco, una laguna artificial y diversas variedades de árboles propios de la región, era pues ésta la clásica salida de los domingos después de asistir a misa en la iglesia de tipo gótico.
Salieri, era hijo de inmigrantes italianos que llegaron a América después de la Segunda Guerra Mundial, el padre, carpintero había escogido la zona por la cantidad de madera ahí explotada. Desgraciadamente era un alcohólico que golpeaba su mujer y gastaba sus escasos ingresos en los bares y burdeles de Middletown, ubicado a 15 minutos de ahí; nunca fue generoso con su familia, en aquel entonces, el pequeño John deseaba que le compraban un globo, le fascinaba los colores de aquellas formas plásticas que se lavaban graciosamente hasta el límite marcado por el hilo que le sostenía, como algo mágico.
-Papa, ¿me compras un globo?
-De ninguna manera...
-sólo un globo
-si sigues insistiendo te rompere la cara.
Con el paso de los años el adolescente John, tuvo necesidad de entrar a trabajar ya que el viejo seguía su agitada vida de siempre, ahora cumplir su sueño infantil, vendía globos en el parque, a veces sentía que en la vida era lo único que podía dominar, a través del hilo con que controlaba esa redondeces que parecían querer volar al cielo, creíase un dios que daba vida a esos seres inmateriales al darles un alma a través del tanque de hidrógeno y verlos elevarse.
También había adquirido una pistola calibre 22 con la cual les quitaba los malos ratos que le hacía pasar su padre cada vez que maltrataba a su mamá, tomaba las ropas que ya no le quedaban al viejo, debido a lo hinchado que estaba por el alcohol, las llevaba el campo les colocaba una lata por cabeza y comenzaba a dispararle hasta que se acababa 10 balas, ya que no se podrá dar el gusto de gastar más, por lo que rápidamente aprendio a darle a la cabeza en por lo menos 3 tiros.
Al llegar a su casa lo mismo de siempre, el borracho estaba golpeando su madre por los 1000 y un pretextos que siempre alimentaba y el como siempre habría de intervenir, aunque por ello también le tocaron a parte de aquellos sopapos.
-¡Déjala papa!
-¿Qué es lo que dices imbécil?
Saba lanzó inmediatamente sobre él con intenciones de golpearlo, entonces sólo fue cosa de fracciones de segundo para que John sacara la 22 y le disparara, el viejo murió viendo sólo el deseo del arma mientras la bala penetraba en su frente cayendo como una vaca en el matadero.
En la medianoche su madre le iba a enterrarlo en el traspatio, y aunque no se le vio más por el pueblo, la gente pensó que el ebrio había huido con alguna meretriz del pueblo próximo, así todo quedó olvidado, mas no para John.
Ahora todo un señor, el globero habías amargado desde aquella experiencia nocturna, casi no hablaba y se limitaba a su actividad con una sonrisa agria.
Su madre murió casi dos años después del hecho, los cuales en sus propias palabras había sido los más felices de su vida, dejó sus pocas pertenencias en herencia a John y ahí estaba él habitando actualmente.
Una noche escuchó ruidos en la parte trasera de la casa, corrió asomarse (con la vieja 22 por supuesto) y no había nada, tragó saliva, revisó un poco y cuando estuvo seguro de que no era nada volvió sus pasos a la casa y al entrar lo que viola perro, ahí estaba John Salieri, el viejo o por lo menos su fantasma, sentado en el comedor viví en una botella de whisky, su bebida favorita después de eructar volvió hacia su hijo diciendo:
-¡hola imbécil! ¿Cómo te ha ido?
-¡Maldita sea! ¿Es que nunca vas a llamarme por mi nombre?
-Es que es lo que siempre ha sido ¡mira que dispararme a mí!
-¡Lo volvería a ser nuevamente!
-Está bien Johnny, discúlpame...
"Johnny" no estaba mal después de tantos años, según le contó su madre el nunca he querido que ella se embarazada y por eso le odiaba, este viejo parecía haber aprendido la lección, parecía más agradable, más bonachón. Se pasaron toda la noche junto a la botella platicando de cosas y cosas...
-John, ya que casi es de día y tengo que volver al sepulcro, ¡ojalá y siempre hubiésemos platicado así como hoy! Pero antes quiero proponerte que algo...
-¿qué es?
-Una pequeña broma, como sabrás la feria llegará próximamente al pueblo, ya que cada vecino tiene derecho colocaron puesto, tú lo harás ¿qué te parece un "tírele los globos y ganó un premio"?
-Perfecto
-Bueno, pero ahí donde viene la "bromita" tu puesto deberá estar cerca del de los carros chocones...
-¿y luego papa?
-En lugar de usar hidrógeno más usar gas butano, ya que es más barato y pues la broma está la ganancia que vas a tener
-¡oye tienes razón, los "bromeare"!
-Bueno hijo, fue un placer
-adiós Papa
toda la noche anterior, John se dedicó llenar los lobos de gas butano y pues lo tenia en exceso, ya que su casa no había electricidad, tardó hasta bien entrada la madrugada y a que había ideado un sistema por medio del cual cada vez que tronará un globo otros se inflarian automáticamente por medio de unas mangueritas conectadas a dos tanques de butano disimulados en la parte trasera del pequeño puesto.
La feria no podía ser más que un suceso en un pueblo tan calmado como Woods, no había mucha novedad y esto era precisamente lo que crea la feria, luces multicolores, juegos mecánicos, algodones y espectáculos propios de lugar; los jóvenes y las muchachas se ataviaban con sus mejores ropas en busca de pareja y diversión.
Estaba John recién abriendo su local cuando ya tiene una clientela considerable, su sistema automático funcionó a la perfección y pues prácticamente sólo cobraba las tiradas, al tercer día de feria todo pareciera la perfección sólo que uno de los tanques tiene un fallo en una de las válvulas de salida por lo que de repente el ambiente se empezó a inundar del fétido olor.
John, que padecia una sinusitis grave no pudo darse cuenta. Volteó hacia los carros chocones y sus chispas, para resolver su vieja duda preguntó uno de los tiradores:
-es chistoso cómo se mueven ¿verdad?
-Si es fantástico
-¿sabe cómo lo hacen?
-Es por medio de electricidad ¿ve aquella malla en la parte superior se resignan interrogación ahí está y la paz al carro por el tubo que roza con ella y baja hacia el mismo.
-¡Muy ingenioso!
-Así es ¡cómo huele a gas!
-¿Cómo?
Agudizó el olfato y comprendió que algo andaba mal en el instante en que corrió a checar los tanques oyó una voz conocida que llamaba por su nombre:
-¡Hey Johnny!
Sólo pudo ver al viejo Salieri, montado en uno de sus carritos al momento que se dirigía lo más cerca posible hacia su puesto de globos lanzando chispas al por mayor, comprendí entonces que me quedo en una trampa, su padre había regresado del infierno para vengarse.
Hubo 10 muertos y 30 heridos en la explosión.
Salieri, era hijo de inmigrantes italianos que llegaron a América después de la Segunda Guerra Mundial, el padre, carpintero había escogido la zona por la cantidad de madera ahí explotada. Desgraciadamente era un alcohólico que golpeaba su mujer y gastaba sus escasos ingresos en los bares y burdeles de Middletown, ubicado a 15 minutos de ahí; nunca fue generoso con su familia, en aquel entonces, el pequeño John deseaba que le compraban un globo, le fascinaba los colores de aquellas formas plásticas que se lavaban graciosamente hasta el límite marcado por el hilo que le sostenía, como algo mágico.
-Papa, ¿me compras un globo?
-De ninguna manera...
-sólo un globo
-si sigues insistiendo te rompere la cara.
Con el paso de los años el adolescente John, tuvo necesidad de entrar a trabajar ya que el viejo seguía su agitada vida de siempre, ahora cumplir su sueño infantil, vendía globos en el parque, a veces sentía que en la vida era lo único que podía dominar, a través del hilo con que controlaba esa redondeces que parecían querer volar al cielo, creíase un dios que daba vida a esos seres inmateriales al darles un alma a través del tanque de hidrógeno y verlos elevarse.
También había adquirido una pistola calibre 22 con la cual les quitaba los malos ratos que le hacía pasar su padre cada vez que maltrataba a su mamá, tomaba las ropas que ya no le quedaban al viejo, debido a lo hinchado que estaba por el alcohol, las llevaba el campo les colocaba una lata por cabeza y comenzaba a dispararle hasta que se acababa 10 balas, ya que no se podrá dar el gusto de gastar más, por lo que rápidamente aprendio a darle a la cabeza en por lo menos 3 tiros.
Al llegar a su casa lo mismo de siempre, el borracho estaba golpeando su madre por los 1000 y un pretextos que siempre alimentaba y el como siempre habría de intervenir, aunque por ello también le tocaron a parte de aquellos sopapos.
-¡Déjala papa!
-¿Qué es lo que dices imbécil?
Saba lanzó inmediatamente sobre él con intenciones de golpearlo, entonces sólo fue cosa de fracciones de segundo para que John sacara la 22 y le disparara, el viejo murió viendo sólo el deseo del arma mientras la bala penetraba en su frente cayendo como una vaca en el matadero.
En la medianoche su madre le iba a enterrarlo en el traspatio, y aunque no se le vio más por el pueblo, la gente pensó que el ebrio había huido con alguna meretriz del pueblo próximo, así todo quedó olvidado, mas no para John.
Ahora todo un señor, el globero habías amargado desde aquella experiencia nocturna, casi no hablaba y se limitaba a su actividad con una sonrisa agria.
Su madre murió casi dos años después del hecho, los cuales en sus propias palabras había sido los más felices de su vida, dejó sus pocas pertenencias en herencia a John y ahí estaba él habitando actualmente.
Una noche escuchó ruidos en la parte trasera de la casa, corrió asomarse (con la vieja 22 por supuesto) y no había nada, tragó saliva, revisó un poco y cuando estuvo seguro de que no era nada volvió sus pasos a la casa y al entrar lo que viola perro, ahí estaba John Salieri, el viejo o por lo menos su fantasma, sentado en el comedor viví en una botella de whisky, su bebida favorita después de eructar volvió hacia su hijo diciendo:
-¡hola imbécil! ¿Cómo te ha ido?
-¡Maldita sea! ¿Es que nunca vas a llamarme por mi nombre?
-Es que es lo que siempre ha sido ¡mira que dispararme a mí!
-¡Lo volvería a ser nuevamente!
-Está bien Johnny, discúlpame...
"Johnny" no estaba mal después de tantos años, según le contó su madre el nunca he querido que ella se embarazada y por eso le odiaba, este viejo parecía haber aprendido la lección, parecía más agradable, más bonachón. Se pasaron toda la noche junto a la botella platicando de cosas y cosas...
-John, ya que casi es de día y tengo que volver al sepulcro, ¡ojalá y siempre hubiésemos platicado así como hoy! Pero antes quiero proponerte que algo...
-¿qué es?
-Una pequeña broma, como sabrás la feria llegará próximamente al pueblo, ya que cada vecino tiene derecho colocaron puesto, tú lo harás ¿qué te parece un "tírele los globos y ganó un premio"?
-Perfecto
-Bueno, pero ahí donde viene la "bromita" tu puesto deberá estar cerca del de los carros chocones...
-¿y luego papa?
-En lugar de usar hidrógeno más usar gas butano, ya que es más barato y pues la broma está la ganancia que vas a tener
-¡oye tienes razón, los "bromeare"!
-Bueno hijo, fue un placer
-adiós Papa
toda la noche anterior, John se dedicó llenar los lobos de gas butano y pues lo tenia en exceso, ya que su casa no había electricidad, tardó hasta bien entrada la madrugada y a que había ideado un sistema por medio del cual cada vez que tronará un globo otros se inflarian automáticamente por medio de unas mangueritas conectadas a dos tanques de butano disimulados en la parte trasera del pequeño puesto.
La feria no podía ser más que un suceso en un pueblo tan calmado como Woods, no había mucha novedad y esto era precisamente lo que crea la feria, luces multicolores, juegos mecánicos, algodones y espectáculos propios de lugar; los jóvenes y las muchachas se ataviaban con sus mejores ropas en busca de pareja y diversión.
Estaba John recién abriendo su local cuando ya tiene una clientela considerable, su sistema automático funcionó a la perfección y pues prácticamente sólo cobraba las tiradas, al tercer día de feria todo pareciera la perfección sólo que uno de los tanques tiene un fallo en una de las válvulas de salida por lo que de repente el ambiente se empezó a inundar del fétido olor.
John, que padecia una sinusitis grave no pudo darse cuenta. Volteó hacia los carros chocones y sus chispas, para resolver su vieja duda preguntó uno de los tiradores:
-es chistoso cómo se mueven ¿verdad?
-Si es fantástico
-¿sabe cómo lo hacen?
-Es por medio de electricidad ¿ve aquella malla en la parte superior se resignan interrogación ahí está y la paz al carro por el tubo que roza con ella y baja hacia el mismo.
-¡Muy ingenioso!
-Así es ¡cómo huele a gas!
-¿Cómo?
Agudizó el olfato y comprendió que algo andaba mal en el instante en que corrió a checar los tanques oyó una voz conocida que llamaba por su nombre:
-¡Hey Johnny!
Sólo pudo ver al viejo Salieri, montado en uno de sus carritos al momento que se dirigía lo más cerca posible hacia su puesto de globos lanzando chispas al por mayor, comprendí entonces que me quedo en una trampa, su padre había regresado del infierno para vengarse.
Hubo 10 muertos y 30 heridos en la explosión.
lunes, 8 de noviembre de 2010
La Canasta del Diablo: El pescado que resolvió un crimen
El detenido lleva más de dos horas en la comandancia de Cotton, Arkansas; sospechoso del asesinato de su ex mujer la madrugada anterior mientras éste se encontraba sola ya que su actual consorte es guardia nocturno de la tienda de ropa "Blondie" ubicada al sur del poblado. La saña con la que se había cometido el artero crimen era tal que aún no había amanecido cuando varios ciudadanos enteraron y acudieron al cuartel para averiguar cómo se van desarrollando las investigaciones e incluso dicen algunos para linchar al culpable. El poblado debe su nombre a la cantidad considerable de algodón sembradas sus alrededores y siendo pues su principal fuente de ingresos ésta había dejado sus pobladores una cantidad considerable de ingresos e incluso la compañía local "Cotton Ark Inc." cotizaba a buen precio sus acciones en Wall Street, muchos de los hijos de los pobladores avienen estudiar fuera y puesto que poco se han rebasado la comunidad ésta se forma su mayoría por gente de edad oscilante entre los 50 y 80 años. Michael Watkins, había sido nuestros prósperos comerciantes algodoneros casado con su esposa Linda Janet, parecía ser una de esas personas nacidas para ganar, alto apuesto refinado; Janet, no se quedaba atrás y era rubia con los ojos azules más bonitos de la comarca era un preciado tesoro envidiado por todos, más la desgracia se dejó caer como una plaga que azotó la región, confiaban tener siempre una buena cosecha Michael, no previno y cuando la catástrofe sucedió ya era demasiado tarde y de la noche a la mañana se vieron hundidos en la más humillante de las pobrezas, convirtiéndose Watkins, en un ebrio y golpeador, cosa que Janet, no soporto a pesar del amor que sentía por él, envejecen cosa de meses y por la escasa belleza que le quedaba sólo pudo más que casarse con Ned Flowers, un rapazuelo, 10 años menor que ella, pero siempre cariñoso y trabajador. Ésas historias entremezclaban entre las personas que se encontraban afuera de la comandancia con las del horror indescriptible causado por la forma en que fue hallada Janet, por su esposo al llegar a su hogar, la casa mostraba rasgos de lo que desee una pelea feroz con objeto rotos esparcidos por la sala y el comedor, sangre que cubría hasta las paredes y por último el cuerpo de la víctima con la cabeza hundida en la pecera, la misma que albergaba a tres peces del tipo dorado japonés, dos ángel, un plecostomus y un beta, la puerta principal no mostraba señales de haber sido forzada por lo que se deduce que alguien conocido había llegado al lugar. Michael, lloraba desesperado en la sala de interrogatorios diciendo que no se acordaba de nada debido a lo ebrio que se encontraba y que los rasguños en su cara y manos eran producto de haberse quedado dormido el basurero donde se encontraba un gato que estaba creando. Por su parte Ned, dijo haber estado toda la noche en su centro de trabajo, cosa que comprobó al mostrar la tarjeta para checar la entrada y la salida, el detective Moore, le preguntó: -¿tiene alguien que pueda probar que usted estuvo en ese lugar? -No señor, desgraciadamente sólo soy yo en ese turno -veo que se rasque insistentemente las manos ¿qué es lo que tiene? -Es una especie de hongo, como puede verse una escarapela las manos es algo así como una víbora -está bien, puede irse. Todas las pruebas estaban en contra de Michael, el golpeador, el borracho, el etcétera, parecía sólo cuestión de días para que en el juicio al que iba a ser sometido se dictaminará la pena de muerte como castigo. Ned,, entretanto recibía condolencias de todo el mundo e incluso ayuda económica de su jefe el cual le regaló un mes de vacaciones. Moore, mientras tanto no estaba contento con los resultados ya que su opinión un borracho como Watkins, no podía haber sido capaz de semejante atrocidad, preguntó aspectos sobre Ned, y descubrió que tenía amoríos con una estudiante del poblado vecino. Visto por algunos lugareños que tenían asuntos en común en Cotton, ahora no le cabía duda que la anciana Janet, fuese ultimada para quedarse con sus posesiones y rehacer su vida con la joven estudiante, tener motivo ahora sólo tenía que comprobarlo. Visitó a Ned, en la casa del crimen, ahora completamente restaurada con colores un poco más brillantes, diríase menos fúnebres, una foto grande de Janet, colgaba sobre la chimenea, después de invitarla a pasar fue Ned, el que habló: -¿y bien detective que lo trae por aquí? Supe que al asesino le dictarán la sentencia máxima -cierto, pero sobre lo que vengo hablarle es punto y aparte -usted dirá -¿qué me puede decir sobre Jaqueline McGuire? El rostro de Ned, se tornó pálido por un momento, aunque recobrando el aliento contestó: -es una amiga -¡ah! -La conozco desde una ocasión en que estaban cerrando la tienda y ella aún estaban el probador, fue muy gracioso ¿no estará insinuando nada verdad? Moore, que se había acercado a la pecera y observaba detenidamente respondió: -claro que no, es increíble que no se ha roto la pecera por... usted ya sabe, ¿cómo se llama esta especie de pez? -beta -si mal no recuerdo había más ¿o no? -Si así es pero se murieron -¿de qué? -de chilondella -¿no es esa una especie de hongo? Ned Flowers, sintió que se lo tragaba la tierra cuando el teniente le pidió que lo acompañara al laboratorio para unos estudios en compañía del pescado que resolvio el crimen.
Etiquetas:
Asesinato,
cuento,
hongo,
La Canasta del Diablo,
literatura,
Pez
lunes, 25 de octubre de 2010
La Canasta del Diablo: Asesinado
Era ésta una fría mañana de domingo, la típica en esta parte tropical del país, no era tanto entre lo que calaba los huesos y no la humedad casi perpetua. Mi nombre es William Show, y siempre desde pequeño me llamó la atención la coincidencia con el más grande ídolo literario William Shakespeare, parte de eso y convicción además me llevaron a grabar mi filosofía y letras, algo con lo que nunca estuvo de acuerdo mi padre que querían y fue ingeniero, pero logre ese subsidio económico de mi madre que en paz descanse. Para ser reconocido escritor de obras de teatro y la par es buena, te puedes con artistas reconocidos sobre todo bellas mujeres de todo tipo de raza, tengo un Ferrari y un apartamento cerca del edificio de las Naciones Unidas, lo suficientemente grande como para satisfacer mi vanidad. Hace cosa de siete meses conocí a Annie Barrow, otra coincidencia que nuestros aquéllos terminaran con las mismas dos letras; su mirada dulce y su hablar era tierno. Eso fue lo que más me llamó la atención en aquella fiesta que se dio en mi honor por el éxito de la obra "la horca de los 100 condenados", llegó con el escritor Walter Horn, , aunque no del brazo y lo que me llamó más la atención de ella fue que no buscaba llamar la atención como las demás damiselas reunidas (algunas de ellas en busca de fortuna) estaba simple y sencillamente serena y encantadora. Me acerqué a Walter, que me la presentó y pues como a él le gusta llamar la atención también se despegó de nosotros y al cabo quedamos solos, hablamos sobre mi trabajo y su trabajo como secretario del editor Mathias Golden, en "Gold y asociados" una de las compañías editoras más poderosas de la actualidad, le pedí su teléfono y empezamos a frecuentar no después del acontecimiento social, al principio la relación era todo color de rosa con los consabidos ramilletes, cenas bailes, etc., aunque los problemas empezaron cuando empecé descuidarla un poco debido al exceso de trabajo y es que ya era tan absorbente como una esponja, sólo que esta sólo necesitaba amor, pero a mí me interesa un poco más el dinero que hacía Jimmy Carter hace de forma un poco con su exceso. Hace un mes decidimos darnos un receso nuestra relación para poner en orden a sus pensamientos (la idea fue de Annie) pero he de admitir que le extrañaba profundamente, ya que no era como los demás mujeres, no buscaba mi dinero solamente mis caricias de brazos, era tierno incluso al hacer el amor, no trataba de impresionante haciendo acrobacias sexuales que no vienen al caso. Hoy la he citado en el "Diamond's" para cenar, así que tuve que hacer un espacio en la agenda para las ocho, me voy a ver el peluquero la tarde, me pongo el traje que más le gusta, perfume y ¡ah! Por supuesto la sorpresa de la noche que me coloco en el bolsillo interior del saco. A pesar de que el "Diamond's" de su restante de lujo carece de algo que siempre me ha molestado: no necesariamente subterráneo. Que tenga ahora sea malo, y aún con su portero no te libré las miradas curiosas de los transeúntes el exterior. Busco sitio para dejar el Ferrari y sólo queda uno la oscura esquina del fondo y hacía ya me dirijo. Bajó del auto y activo el arma con mi llavero, cuando no de vuelta me topo con un hombre de color que apunta con la 38 -¡dame todo lo que traigas maldito, y más vale que no hagas escándalo! -¡Tranquilicese..! -¡Apúrate bastardo que el dedo me hace cosquillas en el gatillo! Cuando mete la mano del saco para buscar la billetera, el individuo tener eso que estaba habrá pensado que crear un arma ya que en ese momento disparó, sólo recuerdo que la empato me tumbó hacia atrás, tan fuerte que rompió parabrisas de mi auto, al oír el ruido del cristal roto pese a la caída en lo caro que me saldría reponerlo, pero solos unos segundos ya que en un instante estaba en el suelo. Vagamente a perseverar portero corriendo tras el asaltante, otros comensales llamaron a una ambulancia, y en ese instante todo era un caos, empecé a sentirme mareado lo que consecuencia de la sangre que brotaba borbotones de mi pecho, ¡oh diablos mi camisa de $300! La cartera vacía su lugar con los billetes, también el regalo sorpresa, oí una voz -¡cálmese amigo no se esté moviendo! Empecé a sentir una hormiga en el cuerpo, como cuando ésta una posición incómoda durante mucho tiempo, agualeguas la sirena del ambulancia ¿o de la policía? Lo descubro cuando los tipos se colocan a mi lado y arranca lo que quedaba de mi camisa portando los botones tapiados en oro ¡de $10 cada uno! Intento mover las manos para alcanzar alguno pero perdió toda movilidad, siento como me levanta para colocar maná también me suena al ambulancia, entonces veo a Annie, que sube con nosotros ¡pobrecita está llorando! Y todo el maquillaje está corriendo, en esos momentos me pinchan una vena del brazo, no me duele, empiezan a hablar de transfusiones, masajes cardiovasculares, insulina es y no sé qué otras cosas que no comprendo, me han colocado también los cables sitos como los que se ven en la televisión que van conectadas al aparatito donde se ve la red de clínicas y cabezas vivo la ¿cuánto costará? Las palabras se torna siempre sonidos parecidos a los de las abejas, sólo hermanos que van y vienen sobre mi cuerpo ¡mi cuerpo! A pesar del que tengo base que si se mantiene un cuerpo sano y esbelto ¡diablos! ¿Qué pensará Annie, al verme todo destrozado por el balazo, cualquiera se le de cirugía reconstructiva? Ojalá no quede muy marcado. Los murmullos parecen decir "No mememos, no mememos" será ¿lo perdemos? ¡No deben permitirlo! Debo ir a ver a Lucas Thorn, mi agente para entregarle el ensayo final de mi nueva obra "avenida 14", si les ganamos en... ¡maldición! Ya no recuerdo, estoy desvariando, todo se empieza a ver como cuando una cámara está desenfocada y luego se enfoca, alcanzó a ver a uno los paramédicos decirle a Annie, que tome mis pertenencias, ya sólo puedo leer los labios, mete Annie, la mano en el saco ¡eso es preciosa, ahí está lo que te iba a dar! De la cartera de la mete una bolsa de plástico 9de "Diamond's" por supuesto) repara su regalo, una cajita negra ¡abrela! -pienso- lo hace y un anillo de diamantes (de Tiffany's con valor de $3000) de compromiso, eso la hace llorar. No, ¡no llores! Quisiera abrazar decirte que lo siento, que si un estúpido... ¡que te amo! Se acerca hacia mi leo sus labios "te amo" es lo último que veo la luz se apaga ¿o no? Eso escucho tamborileo de mi destrozado corazón tap, tum, tap, tum, cada vez más lento, es increíble la paz que siento... es como si respaldara sobre nubes de algodón hace un abismo de felicidad... colocó un pitido creo que es el del aparatito... tengo que descansar... mañana... ¡bah! ¿Qué importa?... buenas noches
Etiquetas:
amor,
asesinado,
compromiso,
cuento,
ego,
La Canasta del Diablo,
sarcasmo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)